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EL ITINERARIO

lunes, 29 de julio de 2019

EL OMBLIGO DEL MUNDO: CUSCO

Pero el destino de viaje no es Lima, sino Cusco, así que tomamos el avión de la compañía colombiana AVIANCA y, tras un corto y tranquilo viaje (salvo la bajada hacia el aeropuerto, algo pronunciada) nos deja en la ciudad capital de los Incas: Cusco.

El "ombligo del mundo"


Allí tomamos contacto con Don R. el gerente de la agencia V., quuien nos esperaba con una "movilidad" que es como se llama allí a cualquier medio de transporte: En este caso se trataba de una "van" turística, que nos dejó en el hotel. Quedamos con Don R. en vernos más tarde, para arreglar la cuestión de los pagos (allí se llama "cancelar"). Es decir, quedamos con él para cancelar por nuestra estancia y las entradas y billetes que ha comprado para nosotros.

Aunque yo creo que nos temíamos que fuera más fuerte, Cusco nos recibe con el aire "ligerito", de sus 3300 metros de altitud. La receta para superarlo...


Mate de coca

Dieta de pollo


Mate de coca y comida ligera: Las claves para superar el incipiente "soroche" (mal de altura) Por cierto que la "dieta de pollo" (así se llama el plato) estaba muy rica. 
Después, un breve recorrido por la ciudad. Más tarde veremos a Don R.

viernes, 26 de julio de 2019

El primer tour

Al día siguiente (4 de julio) a primera hora teníamos delante de la puerta del hotel una movilidad (que es como se llama allí a cualquier medio de transporte) con su chofer y una guía: Verónica.
Nuestro objetivo era recorrer las zonas cercanas del Valle Sagrado, cercanas al Cusco.
Empezamos yendo a Sacsayhuamán ("el halcón satisfecho"). Es una impresionante construcción en una colina desde la que se domina visualmente todo el Cusco.
Verónica, nuestra guía nos fue llevando a buen ritmo por la fortaleza, mientras nos explicaba las principales características de esta construcción, ayudada por un interesante libro que llevaba consigo.
Sacsayhuamán nos impresionó intensamente y lamentamos no poder dedicarle más tiempo, pero otros varios lugares nos esperaban. (Más adelante volvimos a este lugar para hacer una visita con más tiempo)

Desde Sacsayhuamán nos dirigimos a Kenko


 luego a Puka Pukara,



de allí, a Tambo Machay


 y, finalmente, a Písac


en un amplio viaje por el Valle Sagrado de los incas.








miércoles, 24 de julio de 2019

Urubamba, rumbo a Ollantaytambo

A la vuelta de la excursión al Valle Sagrado, paramos a comer en Urubamba. El restaurante era un buffet donde pudimos probar varias de las especialidades de la gastronomía peruana, especialmente, el ceviche.
 Estos fueron algunos de los platillos que degustamos en el restaurante

 Cuando terminamos de comer y nos reunimos con la guía y el chófer, nos dirigimos a Ollantaytambo. Cuando nos bajamos del coche y recogimos el equipaje del maletero, eché en falta la cámara ¡Cielos!!!
La cámara "buena", la Nikon P600 se había quedado en el restaurante
Así que no quedaba más remedio que volver a buscarla y, afortunadamente aún estaba en el restaurante.
Me llevaron Verónica y el chofer y luego la vuelta a Ollantaytambo la hice con una Van que me buscaron ellos.
Entre unas cosas y otras se había hecho de noche. La suerte quiso que cuando regresábamos al hotel para pasar la noche viéramos la CRUZ DEL SUR. La verdad es que fue emocionante ver aquellas cuatro estrellas que no habíamos visto jamás desde nuestra latitud.
Vimos también un poco de Ollantaytambo.

martes, 23 de julio de 2019

El tren de Ollantaytambo al Km 104

El día 5, a primera hora, tomamos el tren que va de Ollantaytambo a Machu Picchu.
Como Perú es un país civilizado, hay varias compañías de tren que cubren ese trayecto. La agencia (V.) nos había sacado los billetes con PerúRail, que es seguramente la mejor.
El viaje es hermoso, con el río Vilcanota por la izquierda y varios nevados que se ven en la lejanía. También vas viendo cómo aparecen (absolutamente silvestres) plantas que en España son objeto de cultivo, como las bromelias, las begonias, orquídeas y los claveles del aire, que tapizan algunas laderas áridas.
Nosotros llevábamos una maleta grande que, afortunadamente, el encargado del tren aceptó llevar hasta Aguas Calientes.



Nuestro viaje en el tren terminaba en el "Kilómetro 104" (que, la verdad, no sé por qué se llama así) Allí conocimos al que iba a ser nuestro guía en los próximos días, Miguel.