Los intrépidos viajeros en esta increíble singladura fuimos Isidoro y Eladio. Isidoro, Maestro de Primaria, tiene 52 años en el momento de hacer el viaje y de escribir estas líneas y Eladio, jubilado de la enseñanza tiene 62 a la fecha de la publicación de esta entrada.
Eladio ha sido desde siempre un ferviente admirador de la cultura y en especial de la música de los Andes y este viaje al Perú siempre había sido la ilusión de su vida.
Isidoro es aficionado a los viajes de cualquier tipo, especialmente si tienen relación con la Geología y otros aspectos del mundo natural.
INICIO.
viernes, 23 de diciembre de 2022
jueves, 22 de diciembre de 2022
EL DOCTOR
Antes de comenzar nuestro viaje contamos con el asesoramiento de un amigo muy relacionado con el mundo andino, que ha realizado casi treinta viajes por Sudamérica (y por otros lugares del mundo).
Como es médico y no sabemos si le apetece aparecer citado por su nombre, en lo sucesivo le llamaremos simplemente "El Doctor".
Saludos, Doctor.
En varias conversaciones mantenidas con él, el Doctor nos fue guiando en la confección de nuestro itinerario y nos dio importantes consejos que nos hicieron más fácil el viaje.
Como es médico y no sabemos si le apetece aparecer citado por su nombre, en lo sucesivo le llamaremos simplemente "El Doctor".
Saludos, Doctor.
En varias conversaciones mantenidas con él, el Doctor nos fue guiando en la confección de nuestro itinerario y nos dio importantes consejos que nos hicieron más fácil el viaje.
miércoles, 21 de diciembre de 2022
LA AGENCIA
Por sugerencia del Doctor, las actividades de los primeros días las llevábamos organizadas por la agencia V, cuyo gerente es Don R. V.
La verdad es que la comunicación previa a nuestro viaje estuvo bastante lejos de ser fluida. A pesar de que teníamos contacto vía email y también a través de WhatsApp, hubo muy poca interacción. En repetidas ocasiones le comentamos a Don R. nuestra intención de cubrir los gastos ocasionados por la compra de los distintos billetes y entradas (ingresos, en peruano) que, siendo nominativos, era necesario pagar (en peruano, cancelar).
De paso, también queríamos conocer la programación de las actividades y, lógicamente, sus costes.
Pues ni por activa ni por pasiva. No había forma de obtener de Don R. ninguna información a este respecto.
Nosotros confiábamos plenamente en las indicaciones que nos había dado el Doctor en el sentido de que Don R. era de toda confianza y capaz de conseguir cualquier cosa.
El día que llegamos a Cusco (3 de julio) en el aeropuerto estaba Don R. Nos acompañó a una "movilidad", que es como llaman allí a cualquier coche o furgoneta tipo Van (Vanette, por ejemplo) que nos llevó hasta el primer hotel donde estuvimos, el Garcilaso I.
Allí, Don R. nos presentó por primera vez la planificación que tenía prevista para nuestras actividades de los siguientes cinco días. En el plan estaban comprendidos los billetes para los distintos lugares -Machu Picchu incluido- y también las movilidades y los guías exclusivamente para nosotros dos.
Y, también por primera vez, nos detallaba el importe de toda esta actividad: Importe que ascendía a mil dólares por cabeza (y éramos dos). Esta cantidad nos pillaba completamente en frío. Durante varios meses habíamos estado intentando conocerla y siempre, por uno o por otro, nos había sido ocultada. De modo que nos dejó muy sorprendidos. Además, acabábamos de gestionar en España el aprovisionamiento de dólares (dos mil habíamos comprado cada uno de nosotros) y, de repente, la cifra de nuestros dólares se veía reducida a la mitad, con evidente riesgo de que no nos alcanzaran para el resto de nuestra estancia. Acabábamos de llegar y no se nos ocurrió pensar que podríamos habérselo pagado en soles.
Don R. aceptó bastante bien nuestra disconformidad y nos dijo que miraría la posibilidad de cambiar alguna de las características de nuestro viaje (tipos de hoteles, conductores con ciertos conocimientos en lugar de guías, etc), de modo que se pudiera reducir el precio. Nos pidió un adelanto, cuyo recibo nos firmó de su puño y letra en uno de los folios sin membrete ni nada en que nos había presentado el plan para estos días. También quedó en que nos veríamos por la tarde, con el fin de presentarnos la nueva planificación.
Consultado el tema con el Doctor, éste nos dijo que no le parecía excesivo el precio de lo que Don R. nos presentaba.
En los siguientes días las cosas fueron bien. Todo estaba previsto, viajes, ingresos (entradas), guías, tren, hoteles... de manera que ambos coincidimos en que el trato había sido bueno y Don R. y los suyos se merecían los mil dólares. Así que cuando quedamos con él para cancelar (pagar) todo, le entregamos la cantidad faltante hasta los mil dólares.
Como resumen de esta, nuestra primera peripecia, destacar dos cosas: Por una parte la formalidad y el buen hacer de Don R., claramente en la línea que nos había adelantado el Doctor, pero también la falta de transparencia y de legalidad de toda la gestión. A los que creemos que este tipo de actividades están sujetas a fraude en España, Perú nos despierta dándonos mil vueltas en cuanto a este nivel de picaresca.
La verdad es que la comunicación previa a nuestro viaje estuvo bastante lejos de ser fluida. A pesar de que teníamos contacto vía email y también a través de WhatsApp, hubo muy poca interacción. En repetidas ocasiones le comentamos a Don R. nuestra intención de cubrir los gastos ocasionados por la compra de los distintos billetes y entradas (ingresos, en peruano) que, siendo nominativos, era necesario pagar (en peruano, cancelar).
De paso, también queríamos conocer la programación de las actividades y, lógicamente, sus costes.
Pues ni por activa ni por pasiva. No había forma de obtener de Don R. ninguna información a este respecto.
Nosotros confiábamos plenamente en las indicaciones que nos había dado el Doctor en el sentido de que Don R. era de toda confianza y capaz de conseguir cualquier cosa.
El día que llegamos a Cusco (3 de julio) en el aeropuerto estaba Don R. Nos acompañó a una "movilidad", que es como llaman allí a cualquier coche o furgoneta tipo Van (Vanette, por ejemplo) que nos llevó hasta el primer hotel donde estuvimos, el Garcilaso I.
Allí, Don R. nos presentó por primera vez la planificación que tenía prevista para nuestras actividades de los siguientes cinco días. En el plan estaban comprendidos los billetes para los distintos lugares -Machu Picchu incluido- y también las movilidades y los guías exclusivamente para nosotros dos.
Y, también por primera vez, nos detallaba el importe de toda esta actividad: Importe que ascendía a mil dólares por cabeza (y éramos dos). Esta cantidad nos pillaba completamente en frío. Durante varios meses habíamos estado intentando conocerla y siempre, por uno o por otro, nos había sido ocultada. De modo que nos dejó muy sorprendidos. Además, acabábamos de gestionar en España el aprovisionamiento de dólares (dos mil habíamos comprado cada uno de nosotros) y, de repente, la cifra de nuestros dólares se veía reducida a la mitad, con evidente riesgo de que no nos alcanzaran para el resto de nuestra estancia. Acabábamos de llegar y no se nos ocurrió pensar que podríamos habérselo pagado en soles.
Don R. aceptó bastante bien nuestra disconformidad y nos dijo que miraría la posibilidad de cambiar alguna de las características de nuestro viaje (tipos de hoteles, conductores con ciertos conocimientos en lugar de guías, etc), de modo que se pudiera reducir el precio. Nos pidió un adelanto, cuyo recibo nos firmó de su puño y letra en uno de los folios sin membrete ni nada en que nos había presentado el plan para estos días. También quedó en que nos veríamos por la tarde, con el fin de presentarnos la nueva planificación.
Consultado el tema con el Doctor, éste nos dijo que no le parecía excesivo el precio de lo que Don R. nos presentaba.
En los siguientes días las cosas fueron bien. Todo estaba previsto, viajes, ingresos (entradas), guías, tren, hoteles... de manera que ambos coincidimos en que el trato había sido bueno y Don R. y los suyos se merecían los mil dólares. Así que cuando quedamos con él para cancelar (pagar) todo, le entregamos la cantidad faltante hasta los mil dólares.
Como resumen de esta, nuestra primera peripecia, destacar dos cosas: Por una parte la formalidad y el buen hacer de Don R., claramente en la línea que nos había adelantado el Doctor, pero también la falta de transparencia y de legalidad de toda la gestión. A los que creemos que este tipo de actividades están sujetas a fraude en España, Perú nos despierta dándonos mil vueltas en cuanto a este nivel de picaresca.
La agencia: V.
Cuando estábamos preparando el viaje, el Doctor, con la mejor voluntad del mundo, nos pasó el contacto de una persona muy capaz y con muchos contactos, de quien nos aseguró que podría realizarnos todas las gestiones. Su nombre: Don R. V.
Vaya por delante que, efectivamente, Don R. es una persona activa, eficaz y muy bien relacionada en Cuzco y alrededores.
De su eficacia y buena fe da cuenta el hecho de que bastante tiempo antes de nuestro viaje, ya tenía comprados para nosotros los billetes principales: los del Camino Inca desde el Km 104 y los de la subida a Huayna Picchu.
Nosotros estábamos muy sorprendidos de que hubiera adelantado el dinero necesario para estos billetes, máxime cuando son nominativos. Se debe acreditar la identidad mediante la presentación del pasaporte (documento de MUY intenso uso en Perú)
Pero lo que de verdad nos volvía locos era la falta de contacto con Don R. y su agencia. Correos electrónicos y mensajes por WhatsApp quedaban sin respuesta durante tiempo y tiempo. Como tampoco queríamos molestar, dejábamos pasar tiempos más que prudenciales entre nuestros mensajes. Incluso le pedíamos que nos indicara el precio de los billetes que había sacado para nosotros, a fin de hacerle los ingresos correspondientes. Y el tiempo pasaba.
Hasta que por fin, ya en Cusco, quedamos en el hotel con Don R. Allí nos explicó los planes que nos tenía trazados (que iremos desarrollando en entradas sucesivas) y nos presentó el presupuesto que, redondeando, ascendía a 1000 dólares por cabeza.
Como no habíamos tenido ninguna aproximación (y como acabábamos de pagar más de mil euros por los billetes de avión) pues el susto fue bastante grande.
Y ahí fue cuando pudimos ver la pasta de la que estaba hecho nuestro Don R. Como se dio cuenta de que nos había parecido mucho, accedió a rebajar el precio, introduciendo en el proyecto del viaje distintos cambios: Hoteles más baratos y conductores con algún conocimiento de los lugares a visitar en lugar de los guías previstos. Con todo esto elaboró un nuevo presupuesto que ascendía a algo más de 800 dólares por cabeza.
Puedo adelantar que aunque esta rebaja en el precio nos pareció bien, en los días sucesivos y viendo la calidad de la atención que recibimos y el trabajo de los guías y de los conductores que nos llevaron por toda la región cusqueña, decidimos de consuno terminar cubriendo el precio de mil dólares por cabeza, demostrando que nosotros también estábamos hechos de buena pasta.
No obstante, como aviso para navegantes y futuros visitantes del Perú (y ese es en definitiva el propósito de este blog) seguramente es mejor asegurarse de que las cosas se hagan al estilo europeo, con luz, taquígrafos y recibos en regla.
Vaya por delante que, efectivamente, Don R. es una persona activa, eficaz y muy bien relacionada en Cuzco y alrededores.
De su eficacia y buena fe da cuenta el hecho de que bastante tiempo antes de nuestro viaje, ya tenía comprados para nosotros los billetes principales: los del Camino Inca desde el Km 104 y los de la subida a Huayna Picchu.
Nosotros estábamos muy sorprendidos de que hubiera adelantado el dinero necesario para estos billetes, máxime cuando son nominativos. Se debe acreditar la identidad mediante la presentación del pasaporte (documento de MUY intenso uso en Perú)
Pero lo que de verdad nos volvía locos era la falta de contacto con Don R. y su agencia. Correos electrónicos y mensajes por WhatsApp quedaban sin respuesta durante tiempo y tiempo. Como tampoco queríamos molestar, dejábamos pasar tiempos más que prudenciales entre nuestros mensajes. Incluso le pedíamos que nos indicara el precio de los billetes que había sacado para nosotros, a fin de hacerle los ingresos correspondientes. Y el tiempo pasaba.
Hasta que por fin, ya en Cusco, quedamos en el hotel con Don R. Allí nos explicó los planes que nos tenía trazados (que iremos desarrollando en entradas sucesivas) y nos presentó el presupuesto que, redondeando, ascendía a 1000 dólares por cabeza.
Como no habíamos tenido ninguna aproximación (y como acabábamos de pagar más de mil euros por los billetes de avión) pues el susto fue bastante grande.
| La carita que se me quedó... |
Puedo adelantar que aunque esta rebaja en el precio nos pareció bien, en los días sucesivos y viendo la calidad de la atención que recibimos y el trabajo de los guías y de los conductores que nos llevaron por toda la región cusqueña, decidimos de consuno terminar cubriendo el precio de mil dólares por cabeza, demostrando que nosotros también estábamos hechos de buena pasta.
No obstante, como aviso para navegantes y futuros visitantes del Perú (y ese es en definitiva el propósito de este blog) seguramente es mejor asegurarse de que las cosas se hagan al estilo europeo, con luz, taquígrafos y recibos en regla.
martes, 20 de diciembre de 2022
EL VUELO DE IDA
Tomamos el avión en Madrid en la noche del día 2 de julio (siempre de 2019). El Doctor nos había comentado que de esta forma evitaríamos prácticamente el desfase de tiempo que, sumisos a la lengua del Imperio, conocemos como "jet lag"
El avión era un 787 Dreamliner, de la compañía Air Europa, un avión precioso, nuevecito y en el que recibimos una esmerada atención por parte de los miembros de la tripulación.
Los dos vuelos, de ida y vuelta, nos costaron unos 1080 € por cada uno de nosotros. El precio de los billetes era de 1000 €. Los 80 € más nos los cobraron por escoger los asientos: Para el vuelo de ida elegimos asientos XL situados en el centro del avión. Quedábamos justo por detrás de uno de los servicios higiénicos (así les llaman en Perú) de modo que podíamos estirar las piernas y moverlas con total libertad (algo realmente importante cuando se van a pasar once horas y media sentaditos en un sillón).
Además de música y películas, el sistema de entretenimiento del avión tenía una cosa muy interesante: Diversas vistas de la situación del aparato en el viaje, incluyendo una vista "desde la cabina" que realmente parecía un simulador de vuelo.
Nos dieron la cena (ahora mismo no recuerdo qué era) y el desayuno (creo que nos dieron una magdalena de esas que ahora se llaman "muffins" sin que se sepa muy bien por qué...)
A mi vecino de asiento le pusieron comida Kosher (que le cobraron aparte)
También nos dieron una mantita azul (el color corporativo de la compañía) porque... nos la habían dado para nosotros para siempre, ¿verdad? (la "frazadita" azul nos fue muy útil el resto de los días del viaje)
Para la vuelta... (Bueno...eso ya es otra historia)
El avión era un 787 Dreamliner, de la compañía Air Europa, un avión precioso, nuevecito y en el que recibimos una esmerada atención por parte de los miembros de la tripulación.
Los dos vuelos, de ida y vuelta, nos costaron unos 1080 € por cada uno de nosotros. El precio de los billetes era de 1000 €. Los 80 € más nos los cobraron por escoger los asientos: Para el vuelo de ida elegimos asientos XL situados en el centro del avión. Quedábamos justo por detrás de uno de los servicios higiénicos (así les llaman en Perú) de modo que podíamos estirar las piernas y moverlas con total libertad (algo realmente importante cuando se van a pasar once horas y media sentaditos en un sillón).
Además de música y películas, el sistema de entretenimiento del avión tenía una cosa muy interesante: Diversas vistas de la situación del aparato en el viaje, incluyendo una vista "desde la cabina" que realmente parecía un simulador de vuelo.
Nos dieron la cena (ahora mismo no recuerdo qué era) y el desayuno (creo que nos dieron una magdalena de esas que ahora se llaman "muffins" sin que se sepa muy bien por qué...)
A mi vecino de asiento le pusieron comida Kosher (que le cobraron aparte)
También nos dieron una mantita azul (el color corporativo de la compañía) porque... nos la habían dado para nosotros para siempre, ¿verdad? (la "frazadita" azul nos fue muy útil el resto de los días del viaje)
Para la vuelta... (Bueno...eso ya es otra historia)
lunes, 19 de diciembre de 2022
EL PAISAJE
Nuestro recorrido nos llevó por la zona Sur del Perú y, aunque nos quedaron sin visitar lugares de interés, como Arequipa y el Cañón del Colca, pudimos contemplar paisajes maravillosos.
Perú es un país montañoso, no en vano está recorrido por la Cordillera de los Andes . Sin embargo, sus llanuras son impresionantes. El altiplano, la "puna", llanura situada a casi cuatromil metros de altitud, las llanuras de la zona desértica próxima a la costa del Pacífico, la llanura sorprendente del Valle Sagrado y la más inverosímil de todas: La inmensa llanura acuática del Lago Titicaca
Perú es un país montañoso, no en vano está recorrido por la Cordillera de los Andes . Sin embargo, sus llanuras son impresionantes. El altiplano, la "puna", llanura situada a casi cuatromil metros de altitud, las llanuras de la zona desértica próxima a la costa del Pacífico, la llanura sorprendente del Valle Sagrado y la más inverosímil de todas: La inmensa llanura acuática del Lago Titicaca
domingo, 18 de diciembre de 2022
EL PAISANAJE
Se necesitaría seguramente una enciclopedia (de las de antes) para hacer una aproximación a la población del Perú. Cualquier otra simplificación carecería de sentido, pero... allá vamos.
Es evidente que los turistas apenas llegamos a conocer la realidad del país, en ninguno de los sentidos. Difícilmente salimos de los lugares que han preparado para nosotros o, en el mejor de los casos, de las zonas más tranquilas y vigiladas de las ciudades.
No obstante podemos sacar nuestras conclusiones, equivocadas o no:
Seguramente, lo que más nos impresiona es el componente indio. Están presentes por todas partes, y, además de sus rasgos, los delatan sus vestimentas. Son particularmente las mujeres quienes más utilizan las vestimentas tradicionales: las polleras, el sombrero hongo y la "lliclla", la colorida tela de aguayo que llevan a la espalda y que sirve como mochila, como transporte para los niños o, simplemente, como complemento al vestido.
Da la sensación de que el componente racial es clave en la estratificación social. Por la calle se ven tipos humanos más o menos morenos, con mayor o menor componente indígena en su mestizaje. Los blancos más blancos solamente se ven por la televisión, bien como presentadores o como políticos.
Los indígenas, en general, no parecen haber abandonado sus vestimentas ni su idioma, sea quechua o aymara. Algunos de ellos tienen muchas dificultades con el español, o no lo utilizan en absoluto. No obstante, son muy pocos los carteles en quechua o escritos en los dos idiomas
Es evidente que los turistas apenas llegamos a conocer la realidad del país, en ninguno de los sentidos. Difícilmente salimos de los lugares que han preparado para nosotros o, en el mejor de los casos, de las zonas más tranquilas y vigiladas de las ciudades.
No obstante podemos sacar nuestras conclusiones, equivocadas o no:
Seguramente, lo que más nos impresiona es el componente indio. Están presentes por todas partes, y, además de sus rasgos, los delatan sus vestimentas. Son particularmente las mujeres quienes más utilizan las vestimentas tradicionales: las polleras, el sombrero hongo y la "lliclla", la colorida tela de aguayo que llevan a la espalda y que sirve como mochila, como transporte para los niños o, simplemente, como complemento al vestido.
Da la sensación de que el componente racial es clave en la estratificación social. Por la calle se ven tipos humanos más o menos morenos, con mayor o menor componente indígena en su mestizaje. Los blancos más blancos solamente se ven por la televisión, bien como presentadores o como políticos.
Los indígenas, en general, no parecen haber abandonado sus vestimentas ni su idioma, sea quechua o aymara. Algunos de ellos tienen muchas dificultades con el español, o no lo utilizan en absoluto. No obstante, son muy pocos los carteles en quechua o escritos en los dos idiomas
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