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EL ITINERARIO

miércoles, 21 de diciembre de 2022

La agencia: V.

Cuando estábamos preparando el viaje, el Doctor, con la mejor voluntad del mundo, nos pasó el contacto de una persona muy capaz y con muchos contactos, de quien nos aseguró que podría realizarnos todas las gestiones. Su nombre: Don R. V.

Vaya por delante que, efectivamente, Don R. es una persona activa, eficaz y muy bien relacionada en Cuzco y alrededores.
De su eficacia y buena fe da cuenta el hecho de que bastante tiempo antes de nuestro viaje, ya tenía comprados para nosotros los billetes principales: los del Camino Inca desde el Km 104 y los de la subida a Huayna Picchu.

Nosotros estábamos muy sorprendidos de que hubiera adelantado el dinero necesario para estos billetes, máxime cuando son nominativos. Se debe acreditar la identidad mediante la presentación del pasaporte (documento de MUY intenso uso en Perú)

Pero lo que de verdad nos volvía locos era la falta de contacto con Don R. y su agencia. Correos electrónicos y mensajes por WhatsApp quedaban sin respuesta durante tiempo y tiempo. Como tampoco queríamos molestar, dejábamos pasar tiempos más que prudenciales entre nuestros mensajes. Incluso le pedíamos que nos indicara el precio de los billetes que había sacado para nosotros, a fin de hacerle los ingresos correspondientes. Y el tiempo pasaba.

Hasta que por fin, ya en Cusco, quedamos en el hotel con Don R. Allí nos explicó los planes que nos tenía trazados (que iremos desarrollando en entradas sucesivas) y nos presentó el presupuesto que, redondeando, ascendía a 1000 dólares por cabeza.

Como no habíamos tenido ninguna aproximación (y como acabábamos de pagar más de mil euros por los billetes de avión) pues el susto fue bastante grande.

La carita que se me quedó...
Y ahí fue cuando pudimos ver la pasta de la que estaba hecho nuestro Don R. Como se dio cuenta de que nos había parecido mucho, accedió a rebajar el precio, introduciendo en el proyecto del viaje distintos cambios: Hoteles más baratos y conductores con algún conocimiento de los lugares a visitar en lugar de los guías previstos. Con todo esto elaboró un nuevo presupuesto que ascendía a algo más de 800 dólares por cabeza.
Puedo adelantar que aunque esta rebaja en el precio nos pareció bien, en los días sucesivos y viendo la calidad de la atención que recibimos y el trabajo de los guías y de los conductores que nos llevaron por toda la región cusqueña, decidimos de consuno terminar cubriendo el precio de mil dólares por cabeza, demostrando que nosotros también estábamos hechos de buena pasta.

No obstante, como aviso para navegantes y futuros visitantes del Perú (y ese es en definitiva el propósito de este blog) seguramente es mejor asegurarse de que las cosas se hagan al estilo europeo, con luz, taquígrafos y recibos en regla.

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