Por sugerencia del Doctor, las actividades de los primeros días las llevábamos organizadas por la agencia V, cuyo gerente es Don R. V.
La verdad es que la comunicación previa a nuestro viaje estuvo bastante lejos de ser fluida. A pesar de que teníamos contacto vía email y también a través de WhatsApp, hubo muy poca interacción. En repetidas ocasiones le comentamos a Don R. nuestra intención de cubrir los gastos ocasionados por la compra de los distintos billetes y entradas (ingresos, en peruano) que, siendo nominativos, era necesario pagar (en peruano, cancelar).
De paso, también queríamos conocer la programación de las actividades y, lógicamente, sus costes.
Pues ni por activa ni por pasiva. No había forma de obtener de Don R. ninguna información a este respecto.
Nosotros confiábamos plenamente en las indicaciones que nos había dado el Doctor en el sentido de que Don R. era de toda confianza y capaz de conseguir cualquier cosa.
El día que llegamos a Cusco (3 de julio) en el aeropuerto estaba Don R. Nos acompañó a una "movilidad", que es como llaman allí a cualquier coche o furgoneta tipo Van (Vanette, por ejemplo) que nos llevó hasta el primer hotel donde estuvimos, el Garcilaso I.
Allí, Don R. nos presentó por primera vez la planificación que tenía prevista para nuestras actividades de los siguientes cinco días. En el plan estaban comprendidos los billetes para los distintos lugares -Machu Picchu incluido- y también las movilidades y los guías exclusivamente para nosotros dos.
Y, también por primera vez, nos detallaba el importe de toda esta actividad: Importe que ascendía a mil dólares por cabeza (y éramos dos). Esta cantidad nos pillaba completamente en frío. Durante varios meses habíamos estado intentando conocerla y siempre, por uno o por otro, nos había sido ocultada. De modo que nos dejó muy sorprendidos. Además, acabábamos de gestionar en España el aprovisionamiento de dólares (dos mil habíamos comprado cada uno de nosotros) y, de repente, la cifra de nuestros dólares se veía reducida a la mitad, con evidente riesgo de que no nos alcanzaran para el resto de nuestra estancia. Acabábamos de llegar y no se nos ocurrió pensar que podríamos habérselo pagado en soles.
Don R. aceptó bastante bien nuestra disconformidad y nos dijo que miraría la posibilidad de cambiar alguna de las características de nuestro viaje (tipos de hoteles, conductores con ciertos conocimientos en lugar de guías, etc), de modo que se pudiera reducir el precio. Nos pidió un adelanto, cuyo recibo nos firmó de su puño y letra en uno de los folios sin membrete ni nada en que nos había presentado el plan para estos días. También quedó en que nos veríamos por la tarde, con el fin de presentarnos la nueva planificación.
Consultado el tema con el Doctor, éste nos dijo que no le parecía excesivo el precio de lo que Don R. nos presentaba.
En los siguientes días las cosas fueron bien. Todo estaba previsto, viajes, ingresos (entradas), guías, tren, hoteles... de manera que ambos coincidimos en que el trato había sido bueno y Don R. y los suyos se merecían los mil dólares. Así que cuando quedamos con él para cancelar (pagar) todo, le entregamos la cantidad faltante hasta los mil dólares.
Como resumen de esta, nuestra primera peripecia, destacar dos cosas: Por una parte la formalidad y el buen hacer de Don R., claramente en la línea que nos había adelantado el Doctor, pero también la falta de transparencia y de legalidad de toda la gestión. A los que creemos que este tipo de actividades están sujetas a fraude en España, Perú nos despierta dándonos mil vueltas en cuanto a este nivel de picaresca.
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