Llamas, alpacas, vicuñas, caballos de paso, un quenista... todo ello en plata y madera de caoba.
(La tienda es buena. Cara, pero buena)
Y, para rematar, este precioso armadillo en plata.
Entonces empiezas a saber que has llegado a Perú.
Y esa sensación la corroboras cuando escuchas por megafonía que acaban de cambiar la sala de espera de tu vuelo hacia Cusco. Y cuando llegas a la nueva hay un mogollón de gente queriendo entrar todos a la vez. Y entonces lo sientes...
¡Quillos, estáis en Perú!








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