Llegamos al mínimo aeropuerto de Nasca (donde nos hicieron pasar por las mismas formalidades que para cualquier otro vuelo) y, a corriendo cuanto podíamos llegamos hasta la avioneta.
Comenzó así el emocionante vuelo durante el cual casi no podíamos dar crédito a nuestros ojos. Es una experiencia inolvidable.
También lo es el vuelo en sí. Porque volar así es, verdaderamente, volar. Ir en un avión grande se parece más a ir en un autobús. Pero en la avioneta sientes que vas colgado de las alas y sientes lo que es la tercera dimensión cuando la avioneta gira, descendiendo fuertemente, cada vez que el piloto nos quería enseñar las líneas a los de un lado y el otro del aparato.
El vuelo, de unos 40 minutos terminó con un aterrizaje no muy brusco... y dándoles a los pilotos su correspondiente propina (del tema de las propinas se hablará en otra entrada de este blog)
| El "astronauta" nos saluda |
| El mono |
| La Carretera Panamericana cortando una de las figuras. Un lagarto, casi perpendicular a la carretera |
| El "Cóndor" |
| "Tips are welcome" (se admiten propinas) |
Del vuelo nos bajamos y, corriendo, corriendo, nos fuimos a tomar la movilidad que nos llevaría de nuevo a la estación de autobuses. El chaval que conducía hizo de todo, hasta subirse por las aceras.
Pero llegamos a tiempo
Pero llegamos a tiempo
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