La tarde después de regresar de la excursión por el Lago intentamos buscar un vuelo desde La Paz (Bolivia) hasta Lima.
La idea era bajar desde Puno hasta Bolivia, visitar Tiahuanaco, tal vez las islas bolivianas del Lago y, llegando a La Paz, tomar el avión hasta Lima para continuar luego nuestro viaje hacia el sur, con especial atención a las líneas de Nasca.
Pero... los vuelos de La Paz a Lima eran pocos y muy, muy caros. Así que decidimos volver a Cusco para tomar desde allí el avión a Lima. Eso, además, abría la posibilidad de ¡ir a la fiesta de la Mamacha Carmen a Paucartambo!, algo que a priori habíamos desechado por cuestión de fechas.
Así que esa misma tarde, Isidoro, que es un fiera para esto, buscó un viaje a Tiahuanaco (algo que un taxista puneño nos había ofrecido por ... una barbaridad de dólares) El caso es que el viaje salió muy asequible de precio. Se desarrollaba en dos partes: Un conductor nos llevaba hasta Desaguadero (la frontera entre Perú y Bolivia) Allí otro conductor, boliviano, nos recogía, nos llevaba hasta Tiahuanaco y luego nos devolvía a Desaguadero, para subir de nuevo hasta Puno. Curiosamente, los coches, al menos los vehículos turísticos, no pueden cruzar de un país al otro.
El viaje fue de lo más interesante. Durante muchos kilómetros fuimos hacia el sur, dejando el Lago a nuestra izquierda, mientras charlábamos con el conductor, un tipo bastante culto y muy educado, muy orgulloso de haber estudiado en el Glorioso Colegio San Carlos, de Puno.
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