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EL ITINERARIO

sábado, 16 de noviembre de 2019

4 de julio: Urubamba y Ollantaytambo

Terminado nuestro tour por el Valle Sagrado, la movilidad nos llevó hasta Urubamba, donde íbamos a comer. Lamentablemente, apenas vimos este pueblo, de sonoro nombre: Una famosa cueca y un grupo de música andina lo llevan también.
El restaurante donde comimos se llamaba "Muña", creo. Luego supimos que muña es el nombre de un arbusto de cuyas aromáticas hojas que se hace una infusión.
La comida en el "Muña" fue de tipo buffet y pudimos ir tomando contacto con algunos interesantes platos de la rica gastronomía peruana. Fue el primer sitio en el que probamos el ceviche.



También probamos por primera vez la chicha morada. Sin alcohol y sin peligro para la estabilidad intestinal de los expedicionarios.
Cuando terminamos de comer nos fuimos de nuevo a la movilidad y salimos rumbo a Ollantaytambo, donde haríamos noche. Yo no lo sabía, pero se estaba fraguando una peripecia: en el restaurante se quedaba, sin que yo lo supiera, la cámara en la que más confiaba, la Nikon P600. Pensar que al día siguiente iba a estar en Machu Picchu sin llevar mi cámara me producía sudores fríos.
Afortunadamente la guía, Verónica, y el conductor de la movilidad se portaro y me llevaron de vuelta al restaurante donde habíamos comido. Allí estaba mi cámara. La recogí y me acercaron (dirección Ollantaytambo) hasta un cruce (al que unos días más adelante volveríamos) donde arreglaron con otra movilidad mi traslado a Ollantaytambo por una módica cantidad. Recuerdo que debieron de ser como 10 soles.
Apenas tuvimos tiempo para pasear un poco por el pueblo, pero... de la que volvíamos al hotel tuvimos una de las más hermosas visiones de todo el viaje. Frente a nosotros se veía, inconfundible, LA CRUZ DEL SUR. 

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