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EL ITINERARIO

martes, 12 de noviembre de 2019

22 de julio: Rumbo a Nasca

La excursión a las Islas Ballestas, aunque bonita, no es muy extensa. Así que tuvimos tiempo para abordar el bus de Cruz del Sur (Sí, ese que nos iba a dejar en Nasca a la una y media de la tarde). 

El viaje es interesante, cruzando el desierto costero peruano y las escasas franjas verdes que permiten las aguas de los ríos que bajan desde la Cordillera de los Andes. Interesante, pero largo.

A poco de salir de Pisco ya nos iba dando la sensación de que iba a ser muy difícil que llegáramos con tiempo para tomar la avioneta y sobrevolar las líneas de Nasca.

Y ya la sospecha fue tomando cuerpo cuando, alarmados por el reloj,  hablamos con el encargado del autobús. El hombre nos dijo que cómo podían habernos dicho eso, que el autobús siempre había llegado a Nasca de tres a tres y media de la tarde.

Bueno... nos relajamos y ya dimos por seguro que no íbamos a ver las líneas desde el aire. En realidad, la carretera cruza la pampa donde se encuentran las líneas y uno se puede imaginar cómo son.

Llegamos, al fin, a la estación de autobuses y nos bajamos, quejándonos amargamente de que nos hubieran engañado. Y ahí fue donde toda la sabiduría del Doctor, condensada en su frase "En Sudamérica todo es posible", obró su magia. Sin que supiéramos muy bien cómo ni quién (hace poco leí otra frase: "En el Perú las cosas se hacen solas") el caso es que la situación se resolvió. Y nos dijeron que nos subiéramos en un taxi que nos estaba esperando para conducirnos al aeropuerto, donde nos esperaría la avioneta para sobrevolar las líneas.

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