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EL ITINERARIO

miércoles, 13 de noviembre de 2019

12 de julio: Amantaní. Las actividades

Después de comer y de tomarnos nuestra tacita de muña (observamos que en Perú no se suele beber con la comida y sí tomar una tacita de infusión después de terminar) bajamos hasta la orilla del lago. Allí tocamos el agua del Lago, nos hicimos fotos y recogimos algunas de las cosas que el agua deja en la pequeña playa junto al embarcadero.
Más tarde, Adrián nos condujo hasta la casa comunal y los campos de deportes que hay cerca de ella. Allí, un grupo de voluntariosos gringos estaba jugando al fútbol junto a otro grupo de lugareños. En Amantaní hay un personaje muy conocido por se buen jugador de fútbol. Tanto, que su apodo es "Maradona". Es una de las personas que acogen gringos en su casa.
En esta zona común se estaba formando un grupo para subir caminando hasta las cimas de la isla, los templos de Pachatata y Pachamama, que se encuentran en las dos mayores elevaciones de la isla. Nos dieron a elegir a cuál de los dos cerros queríamos subir. Subimos a los dos. Estos cerros alcanzan notables alturas. Estando el Lago sobre los 3800 metros, a poco elevados que fueran, alcanzaban con facilidad los 4100. Afortunadamente ninguno de los dos viajeros mostramos el menor signo de mal de altura o "soroche" (y eso sin hojas de coca ni nada..)



Ruinas de Pachatata

Al fondo, la isla de Taquile, tiene todo el aspecto de una pirámide

Tocador de quena

La subida a ambos cerros está jalonada por puestecitos de tejidos y artesanías

La puesta del sol desde Pachamama es mágica




Cuando hubimos bajado de los cerros, dejando impresionado a Adrián por nuestra capacidad para caminar, y una vez cenados, Adrián nos dijo que teníamos que subir a la fiesta que se hace en la casa comunal. Para la fiesta, todas las mujeres visten con polleras y los hombres con poncho y chullo. Así quedamos nosotros.



La fiesta estuvo bien. Baile al compás de un grupo de música andina formado por isleños, cervecita Cusqueña y buen humor. No estuvimos hasta tarde. Adrián nos esperó y nos acompañó con una linterna para bajar hasta su casa.

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