Una vez abandonada la llajta incaica, nos preguntamos si seríamos capaces de bajar hasta Aguas Calientes y, lógicamente, nos respondimos que sí. Así que enfocamos el camino de bajada. Largo, pero mucho menos complicado que el de Huayna Picchu. El camino desciende por una ladera selvática llena de cosas que ver. Helechos, plantas, piedras. Una maravilla. Merece la pena bajar. Supongo que subir también merece la pena, pero es más duro.
El camino cruza varias veces la carretera Hiram Bigham, que sube a Machu Picchu y, al final, desemboca en ella y va, ya en llano hasta el pueblo de Aguas Calientes. Nos encontramos con algunas cosas interesantes, como esta capilla a la cual la empresa Inversiones Kaypacha le había regalado este recuerdo, que no supimos muy bien lo que era, si una casulla o un emblema o algo
Cerca ya de Aguas Calientes nos llamó la atención una música bien andina en la cual sonaban quenas, violines y acordeón. La música procedía de los talleres de la empresa Consettur, especializada en el transporte de turistas entre Aguas Calientes (Machu Picchu pueblo) y la llajta de Machu Picchu. Nos metimos en el recinto y estuvimos viendo a los músicos tocando y a los trabajadores de la empresa ensayando su coreografía. Nos dijeron que por la noche había un "corso" (desfile)
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