La verdad es que estaba muy bloqueado con la inminente subida a Huayna Picchu. Había visto varios vídeos por Internet y había imágenes de algunas zonas que me daban mucha...¿impresión?. No, miedo, directamente.
Y por más que el Doctor trataba de convencerme (vía WhatsApp) de que aquello no era tan fiero como lo pintaban y de que muchos de los vídeos estaban exagerados en su perspectiva mediante el uso de objetivos angulares, yo no las tenía todas conmigo.
Así que cuando me desperté por la noche con fuertes dolores en los gemelos estaba completamente convencido de que no iba ni a intentar subir al Huayna Picchu. En cualquier caso, repetiría la visita a Machu Picchu, algo que ya me hacía más que feliz.
Por la mañana, los dolores de las piernas persistían, pero, afortunadamente, fueron cediendo a medida que me iba poniendo en marcha, así que decidí que iba a intentar subir.
Y fue, sin duda alguna, la mejor decisión que he tomado nunca. Con mis dolores de piernas fui superando -ayudado por mis compañeros de "cordada"- los lugares que repetidamente había visto en los vídeos de Internet, incluso las famosas "escaleras de la muerte", cuya bajada ofrecía imágenes escalofriantes, con todo el valle del Urubamba al fondo. Y es que el recorrido por Huayna Picchu había cambiado y ese tramo de escaleras no lo bajamos, sino que lo subimos, lo cual es muchísimo más fácil.
Gracias al Dotor, a mis compañeros y mis ganas de alcanzar la cumbre, ahora, cada vez que veo la foto clásica de Machu Picchu y el Huayna Picchu al fondo, puedo decir con orgullo: "Yo estuve ahí"
Todas las fotos AQUÍ
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