Escarmentados de nuestro viaje de ida a Paucartambo, decidimos que lo mejor sería coger un autobús más grande y con un conductor más profesional que el que nos había llevado hasta Paucartambo. Y así fue, salvo que la cacharro rechinaba en las curvas como si la columna de la dirección se fuera a partir de un momento a otro.
El viaje, más lento y tranquilo que el de ida, resultó muy instructivo, al ver los pueblos que fuimos atravesando e imaginar lo que podía ser la vida en aquellos terrenos tan duros. ¡Y eso, los pueblos que están en la carretera!, pensábamos. Duro imaginar lo que puede ser la vida en los pueblos alejados y en las casitas desperdigadas por el campo.
Hubo un detalle conmovedor. El autobús pasó por un lugar en el que había varios niños y niñas como de ocho años que habían hecho una especie de cuerda atando entre sí varias bolsas de plástico y la sujetaban en sus manos "cortando" la carretera. El objetivo era que los coches que pasaban pararan para poder pedirles unas monedas. Perú no es un país especialmente pobre, pero sí que hay pobreza.
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